
El comercio bilateral entre el Reino Unido y Estados Unidos atraviesa un período de fuerte retracción como consecuencia directa de la política arancelaria aplicada por la administración del presidente Donald Trump. De acuerdo con las cifras oficiales reveladas por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS) y dadas a conocer por la agencia Noticias Argentinas (NA), las exportaciones de bienes británicos hacia el mercado norteamericano registraron una caída de 1.500 millones de libras (unos 2.030 millones de dólares) tras el endurecimiento de las medidas aduaneras, lo que representa un derrumbe del 24,7%.
La principal preocupación de las autoridades británicas radica en el sector automotriz. Las ventas de vehículos hacia Estados Unidos, excluyendo los metales preciosos, han sufrido un drástico retroceso y se mantienen sistemáticamente por debajo de los niveles previos a abril de 2025. El gravamen general del 10% impuesto por la Casa Blanca a la mayoría de las importaciones provenientes de las islas británicas ha generado un desbalance que golpea la competitividad de las manufacturas inglesas.
Pese a este complejo panorama, Estados Unidos se mantiene como el principal destino de exportación de bienes para el Reino Unido y su tercer mayor proveedor. Sin embargo, la balanza comercial se ha desequilibrado en contra de los británicos, ya que las compras de bienes estadounidenses han superado a las exportaciones locales por tres meses consecutivos. Esta tendencia deficitaria para la economía del país europeo expone las dificultades estructurales para sortear las barreras impuestas desde Washington.
Con el objetivo de contener el daño, ambos países alcanzaron un acuerdo parcial el año pasado que permitió reducir los aranceles para un cupo limitado de vehículos y eliminar los gravámenes sobre el acero y el aluminio británicos bajo estrictas condiciones de seguridad. No obstante, las medidas de alivio no han sido suficientes para revertir la tendencia a la baja. Concluye que el intercambio transatlántico sigue condicionado por los nuevos parámetros aduaneros, sumando incertidumbre al horizonte económico de las empresas exportadoras en territorio británico.